La felicidad y un miedo

Hay un miedo que siempre acompaña la dicha. Cuanto mas feliz soy, mas miedo tengo de perderlo todo. Eso lo comprende uno cuando tiene tiempo para pensarlo, cuando necesita llenar la ausencia del ser amado (la fuente de la felicidad en casi todos los casos) con otras situaciones totalmente desdeñables (obligaciones laborales, limpiar el departamento, pensar). 
Por eso ese instante que es la felicidad trae consigo un aire de ingenuidad, de una hermosa inocencia utópica que nos deja por unos momentos hipnotizados, ensimismados en la gloria. El momento en que Sísifo llega a la cima de la montaña, y contempla la vista de todo lo que lo rodea, y es feliz. Pero no como una droga, que nos hace alucinar, nos aleja de la realidad. No, nos nos dejemos engañar. Esto es verdad. Es el momento en que la realidad toda se vuelve maravillosa. No hay nada mas real que el amor. 
Así son los momentos en que me encuentro con Ella, y la abrazo, la miro a los ojos. Completos, hermosos, maravillosos. Pero que cuando esta lejana despierta esa extraña mezcla entre la total dicha que produce la certeza del amor, y la experimentación de esa ausencia que tanto atemoriza. El acercamiento a la idea de que sin su amor, sin su maravilloso amor, no soy nada.