Pasando facturas

Las medialunas de manteca deben ser gomosas, con miga. Y punto. Y con una leve pincelada de caramelo. Leve, no pegajosas. Y las de grasa, tirando a saladas. Tirando. El exceso abruma. Y claro que la falta también, nada más decepcionante que levantarse un domingo a la mañana y encontrarse con esas medialunas secas que tardan más en bajar que un alfajor de maicena.
Eso y los churros, con dulce de leche. Pero todos llenos de dulce de leche, no con la puntita mojadita nomas. Y que no estén duros adentro, o sea, la crocantez justa, una fina capa durita pero adentro blanditos y chorreantes. Es importante empezar a comer el churro por la punta agujereada, sino se chorrea por atras. Eso, medialunas y churros, el resto no son facturas, son otras cosas. Capaz una bola de fraile, pero hasta ahí. Y no me vengan con crema pastelera, que es lo peor que le pudo pasar al mundo de las panaderías.
Tambien hay que saber comprar. No como los que a veces traen a la oficina por ejemplo, y compran super surtido porque “no sabia cuales les gustan”. A ver, las proporciones son: un 60% de medialunas (el porcentaje entre grasa y manteca depende de la panaderia, hay panaderías en que unas se destacan muy por encima de las otras; sino miti-miti es siempre adecuado); un 30% de churros (gran mayoría rellenos de dulce de leche, y una minoría que podríamos dividir entre sin relleno y bañados en chocolate, aunque con estos últimos hay que tener cuidado porque contaminan a las facturas vecinas; en las panaderías mas sibaritas los empaquetan aparte); y el 10% restante entre todas esas que les gusta solo a uno de cada 100 argentinos (Algún vigilante, bola de fraile, si queres un cañoncito, o si se es muy hijo de puta se puede completar con tortas negras, o las cosas esas que tienen pastelera o dulce arriba que son como pepas grandes).
Ah, y me molestan los que dicen mediaSlunas, en vez de medialunas.