Distancia y espacio

En mi reciente viaje por el sur argentino, disfrutamos mucho de los miradores. Lugares privilegiados donde te paras a mirar. Eso. Y mientras admiraba los maravillosos paisajes con los que nos ibamos cruzando trataba de caer en el momento, de ser consiente en el lugar en que me encontraba, y me preguntaba qué era lo que me generaba tanta fascinación. 

Lago Nahuel Huapi, Villa La Angostura
Creo que lo que impresiona es la distancia. El espacio que nos separa de las cosas, mas que la cosa en sí. Físicamente hablando, una cuestión de tener lugar, de tener la vista clara, la visión del horizonte, y aire por delante. Por eso miramos al cielo, al mar. Y no solo en las montañas, sino que es lo que tiene de lindo el campo. Yo no se cuántos lugares del mundo tienen la abundancia de paisajes horizontales, de tanta planicie junta, como tiene nuestro país. Es un paisaje de cielo, que pertenece más a las nubes que a la tierra. Hay tanto espacio vacío que hasta nos cuesta encuadrarlo en una fotografía. Y es ese espacio que tenemos por delante lo que nos fascina, que nos baña de una sensación de inmensidad que no tenemos en la ciudad, llena de paredes y pantallas. Se pierde el espacio, se pierde la distancia y con ella la noción de nuestro lugar en el mundo. Es la imposibilidad de abarcar ese espacio lo que nos abruma. Esa paradójica sensación de pequeñez inconmensurable que nos sienta de culo.