Cucaracha Albina

Hay pequeños eventos que son especiales. No digo casualidades, cosas que suceden una vez cada tanto y que nos asombran maravillosamente por su exclusividad, no, me refiero a eventos efímeros, nimios para el transcurrir del mundo, que no significan nada, pero que nos afectan individualmente de una forma particular por encontrarnos en ese momento y lugar, presenciándolos. Son situaciones que sabemos que existen, que se dan inevitablemente y no pasa nada, pero que toman importancia sólo por el hecho de ocurrir frente a nosotros. 
Hoy, por ejemplo, pasé justo al lado de dos trenes que se cruzaban. Es una boludez, pasa todo el tiempo, tampoco es que vi un ovni o una nube con forma de pene, no, fue eso nomas: estar parado y, sin proponérmelo, encontrarme justo en el punto donde dos trenes cruzan sus trompas. Que se yo, me cayó justo estar como en el epicentro del cruce, solo. Bueno, había un jardinero que estaba ahí tambien en el jardín de una casa, al cual miré para ver si se había percatado de la situación. Y no se, lo vi que miraba el cielo; quizás elevando un rezo o alguna plegaria por estar presenciando él también la singular experiencia; o por ahí revisando si la enredadera estaba pareja. No se, pero de todas formas fue un momento especial. Efímero, pero especial. 
Como el día que me crucé una cucaracha albina(1).

(1) Si, existen.