SOBRE LA IMPOSIBILIDAD DE REPRESENTAR LA SUBLIMACIÓN III

ÁTOPOS: El ser amado es reconocido por el sujeto amoroso como “átopos” (calificación dada a Sócrates por sus interlocutores), es decir como inclasificable, de una originalidad incesantemente imprevisible. 

La atopía de Sócrates está ligada al Eros (Sócrates es cortejado por Alcibíades) y al Pez torpedo (Sócrates electriza y adormece a Menón). Es átopos el otro que amo y que me fascina. No puedo clasificarlo puesto que es precisamente el Único, la Imagen singular que ha venido milagrosamente a responder a la especificidad de mi deseo. Es la figura de mi verdad; no puede ser tomado a partir de ningún estereotipo (que es la verdad de los otros). (...) 

Frente a la originalidad brillante del otro no me siento jamás átopos, sino más bien clasificado (como un expediente muy conocido). A veces, sin embargo, llego a suspender el juego de las imágenes desiguales (“¡Que no pueda yo ser tan original, tan fuerte como el otro!”); intuyo que el verdadero lugar de la originalidad no es ni el otro ni yo, sino nuestra propia relación. Es la originalidad de la relación lo que es preciso conquistar. La mayor parte de las heridas me vienen del estereotipo: estoy obligado a hacerme el enamorado, como todo el mundo: a estar celoso, abandonado, frustrado, como todo el mundo. Pero cuando la relación es original, el estereotipo es conmovido, rebasado, eliminado, y los celos, por ejemplo, no tienen ya espacio en esa relación sin lugar, sin topos, sin “plano” – sin discurso.

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Fragmento de Fragmentos (jé) de un discurso amoroso, de Roland Barthes (1)(2).


(1) El "jé" no es parte del título del libro, es un agregado propio al chocarme con la redundancia que surge consecuencia de la repetición de la palabra "fragmentos", que sí es parte del titulo.
(2) Estoy aprendiendo a poner las citas al pie al final de la oración  y no al lado de la palabra a destacar, como hacia antes. Nunca es tarde para aprender, decia una vieja mientras se comía una cucharada de moco. O era otra...