La paranoia confirmada

Los miedos no son más que una suposición. La incertidumbre genera paranoias que uno, más o menos signado por su pasado, tiende a imaginar. Es eso, una creación que surge a partir de tener demasiado tiempo para pensar. Una persona realmente ocupada, no tiene miedos, ni paranoias, ni facebook, ni nada. No tiene tiempo. Son lujos que nos damos los perezosos.

El tema es que el otro día llego a casa, y encuentro la cocina llena de hormigas. De esas chiquitas, casi efímeras, que se meten en todos lados, que amenazan con poder meterse hasta entre los poros de la piel.  Dejé los platos un día sin lavar(1), y se ve que le habían encontrado el gustito a la entraña que había comida el día anterior (estaba rica la verdad). Pero bueno, el hormigocausto era inexorable. Asique agarre lo que tenía a mano: armado con Lisoform, agua hirviendo y servilletas de papel las empecé a asesinar en masa. Niños y mujeres incluidas, sin misericordia. Es que su pequeñez me daba una sensación extraña, incluso ahora que escribo sobre ellas, mientras las asesinaba sentía como picazón o caminacitas por todo el cuerpo. Como si las tuviera encima. Y, obviamente, me sopapeaba, o me rascaba y no tenía nada. Eran sensaciones fruto de mi imaginación. Quizás fuera la culpa.
Pero la sensación continuaba: en la cintura, en el cuello, en las manos, sentía hormiguitas por todos lados. “Paranoia”, pensaba, y seguía limpiando. Me había propuesto superarla, aunque de vez en cuando tenía que sopapearme alguna parte del cuerpo para cerciorarme de que realmente no existieran. Hasta que en eso siento una en la cara. Siento un cosquilleo de patitas que sale de mi pelo (donde tendría que haber un flequillo), recorre la frente y se acerca lentamente a mi nariz. Dije, “Paranoia” una vez más, y aproveche la situación para asegurarme, así que me acerqué al baño para verme en el espejo. “Como odio tener razón siempre”, pensé, citando a Ian Malcolm a punto de ser atacado por un Tiranosaurio. Es que estaba ahí, la muy hija de puta estaba ahí. Una hormiguita de mierda caminándome la frente como pancho por su casa, que vaya  saber cómo carajo llego a mi cara, quizás a través de mi mano al rascarme en algún momento, quizás lanzándose desde la lacena en una misión kamikaze. La cosa es que estaba allí, refutándome a la mierda la paranoia, porque era verdad, esa hormiga era verdad, estaba ahí a punto de escalarme la nariz y alojarse en mis fosas nasales, la hija de una gran puta.
La maté, desde luego, pero su resabio va a quedar para siempre. Ese gustito a desilusión, a confirmación de una verdad devastadora que temía conocer. Seguirá atormentándome ese sentimiento de inseguridad; la misma inseguridad que creía haber superado minutos antes. Seguirá acechándome ese fantasma, ese miedo a preguntar cosas de las cuales no quiero saber la respuesta.
Nada peor que una paranoia confirmada.


(1) Siento la necesidad de justificarme: Tenia otros para usar mientras. De todas formas los hubiera dejado algún día mas si no fuera por el desacato de estos bichitos insignificantes.