Aquejado

Volví de vacaciones y siento una opresión ciudadana. No me refiero a los ruidos, el smog, los gritos, la avalancha de información. Sino mas precisamente a algo ideológico. Žižek ya me había avisado que había ideología en todos lados.
Es una molestia que me surge cada vez que alguien o algo me exige a que emita una opinión, a que tome partido sobre tal o cual asunto. Y siento que sucede cada vez con mas frecuencia. Y las redes sociales, todo lo bueno que a prima facie tenían de “todos pueden reclamar lo que quieren y decir lo que piensan”, también conlleva en que “cualquiera puede reclamar lo que quiere y decir lo que piensa”. Y de repente esta en todos lados: un mensaje en facebook, una nota en el diario, un compañero de trabajo, una cena familiar e incluso una discusión ajena; ya que no se da necesariamente de otra persona hacia conmigo, a veces me veo forzado a imponérmelo yo mismo: ¿Que pienso yo sobre esto? Es como que cada vez nos vemos mas configurados y signados por lo que pensamos. 
Quizás sea mi inmadurez, que me sigue alejando de las cosas que me generan algún tipo de dilema incómodo. Por eso digo que no me enorgullezco, es mas bien una postura bastante despreciable, casi egoísta. Simplemente no quiero saber, no me interesa tomar partido con ciertas cosas, no me interesa siquiera ponerme a pensarlas. Espero que se me pase. Porque todo se transforma a un cierto repudio a la sociedad en general, no a las personas ni a los grupos de personas, sino a al forma en que se estructuran esas personas. Siento cada vez más obsoleta esta forma de organización, que cada vez parece que genera más y más dilemas, más y más necesidades. Quejas por todos lados, de todos y para con todos, y todos defendiendo a regañadientes su posición. Y en el medio estoy yo, diciendo boludeces porque algo hay que decir, rodeado entre gigantes de medio pelo, sintiéndome miserable por no participar, egoísta por no preocuparme por cosas que a los demás les parecen sumamente vitales; sumado a la desgastante sensación de ignorancia e impotencia que eso conlleva. No sé como pensar: no conozco las variables, no le creo a ningún diario, ni a nadie de nada, recopilo una serie de subjetividades tan antagónicas que hasta me cuestiono las efímeras verdades que veo con mis propios ojos ¿Cómo carajo quieren que tome una posición? 
No quiero pensar en estas cosas. Todo me aburre. No me quiero quejar de nada, y sin embargo no puedo evitarlo(1). Quiero preocuparme por lo que quiero y los que quiero, buscar la felicidad con las cosas más cercanas y no tener la necesidad de necesitar cosas que no necesito. 

(1) Leer párrafos suprascriptos.