El artista y la mujer amada

Siempre me interesó esta dicotomía que le surje al artista entre su amor y su obra: de cómo suele planteársele la situacion de que si tiene tiempo para una cosa, no va a tenerlo para la otra (1). Desarrollemos entonces, como ELO nos tiene acostumbrados: de forma caprichosa, básica y superficial.

Partamos de la premisa de que el artista no puede no estar enamorado. Si no esta enamorado, tanto su obra, como su vida pierden sentido. Uno crea para ser amado.

Tenemos entonces dos opciones: la mujer amada puede darle bola o no.

La lógica, y en consecuencia muchas teorias (o teóricos, es lo mismo(2)), insisten en que el desengañado amoroso, al tener mas tiempo para crear, y al sufrir las tristezas y las penas que lo ayudan a la inpsiracion; cumple mejor su roll de artista. Pero la verdad es que si el artista es desengañado por su amor, se deprime y su mente es monopolizada por la Mujer Amada, por su ausencia, en pensar lo que hizo mal, lo que no hizo, lo que deberia haber hecho. Y su obra pasa a segundo plano, deja de crear (y de creer). ¿Para qué? si Ella no le va a dar bola. La imposibilidad lo desmotiva. Su vida se vuelve imporductiva, llora en su cama, duerme mal, mira la Premier Ligue los sabados a la mañana, pide cuartos de helado de gustos raros. En fin, es demasiado triste, y deja de crear.

Ahora bien, si el artista tiene la suerte de ser correspondido por su musa la cosa es diferente (pero no tanto). El artista enamorado se pone chocho. Y entonces ocupa su tiempo en Ella. Sale, la lleva al rosedal, al cine, garcha, ríe, se pide cuartos de helado de gustos raros. En fin, es demasiado feliz, y tampoco crea. Es entendible, todos eligen garchar a ponerse a hacer cualquier otra cosa, por mas artística que sea.


Entendemos entonces que todas esas voces que rezan que el desegañado amoroso tiende a cumplir mejor y de forma mas responsable su roll de artista, que crea cosas mas lindas, que si a uno lo abandonan se potencia la inspiración y bla bla bla... Son patrañas. Falacias. Fabulaciones. ¿Entonces cuál es la situación sentimental ideal para la creación artística? Preguntará usted, pincel en mano y con el lienzo a flor de piel. No se, responderé yo, con la inseguridad que me representa. Pero añadiré lo siguiente: Me atrvería a pensar que el artista que está A PUNTO de ser desegañado (o a ser correspondido, perdon, es la costumbre) es el que está en su ápice creacional. Coincidimos que la distancia de la musa es fundamental para la creacion artistica, pero agregamos que esa distancia no tiene que ser ni muy lejana, ni demasiado cercana. Más bien, como los límites matemáticos, debe tender a la cercanía, siempre con una utopía de realización (por mas pequeña que sea, el enamorado ya se encargará de agrandarla). El amor, entonces, fin y sentido último de la vida, debe alejarse un poco, pero siempre estar latente. Si se vuelve imposible, muere. Y si se concreta demasiado, la verdad es que también. Y es justamente ese espacio que queda entre el artista y la concreción del amor, todo eso que hay en el medio y que nos separa de la musa, ese paño vacío lleno de posibilidades y de potencialidad, lo que llamamos Arte(3).



(1) Podríamos ampliar, para una mayor llegada, la figura del artista un plano mas amplio, pongámoslo como una persona la cual disfruta de hacer algo: escribir, jugar al futbol, ganar dinero, pescar, etc.

(2) ¿Es lo mismo?

(3) Me veo tentado a esbozar una especie de subconclusión, donde se defiende el histeriqueo femenino en pos de favorecer la creatividad artística. Pero no, me niego definitivamente a desarrollarla. Desarrollenla ustedes, putitas.