La lejanía de lo bello

No es que me gusten las mas difíciles. Me gustan las más lindas, y éstas, al tener una mayor oferta (a todos nos gustan mas lindas) tienen la posibilidad de elevar su valor dentro del mercado, exigiendo mayores competencias a la hora de elegir al merecedor de sus atributos. Estando yo en una situación desfavorable al compararme con casi cualquier otro ser humano, una simple PYME sin demasiadas esperanzas de crecimiento, la obtención de este tan selecto beneficio se me es casi siempre negado. Y ahí es cuando vienen los amigos y te dicen “pero vos te buscas siempre la mas difícil…”.
A veces, muy de vez en cuando, uno encuentra una joyita en oferta, o que todavía no es consciente de su verdadero valor, y entonces aprovecha la situación y adquiere la posesión (momentánea, siempre momentánea) del objeto amado. Pero sabe que tarde o temprano vendrá algún comprador con una oferta mucho mas tentadora (facha, dinero, sentido del humor) a arrebatarle a uno la posibilidad del disfrute. Se llevara un producto usado y a un precio mas caro, si, pero oportunamente renovado y con el plus de la experiencia (si se obtuviera algun tipo de ganancia de esto ya sería millonario)(1).
Entonces no es que yo soy un gil que siempre me busco la mas difícil. O sea, soy un gil, pero no tiene nada que ver el grado de disposición de la mujer amada con la fuerza de atracción que ejerce sobre mi persona. Es tan atractiva una mujer inalcanzable y utópica, como la misma mujer regalada y servidita en bandeja de plata. Porque a mi me gusta creer que la belleza es algo propio del objeto amado (el enamorado necesita creer esto), y no algo conferido por el ser que ama en base a idealizaciones masomenos infundadas.
Entonces no me rompan las pelotas con que “siempre te buscas la mas difícil”. El día que me de bola una de las difíciles, van a ver. Bagayeras hay de todo tipo. Y si ese día nunca llega, seguiré estando orgulloso de haber sido escupido en la cara por las mujeres mas hermosas. Porque las lindas también se equivocan, y ahí estaré yo, esperando al traspié, dispuesto a sacrificarme para entretenerlas mientras buscan al hombre de su vida.

(1) Quiero creer innecesaria la explicacion de que esta comparacion de la mujer con un producto a ser adquirido es más una facilidad (o un facilismo) poetico y una analogia desafortunada, que una verdadera convicción de que el amor y las mujeres tiene algo que ver con algun tipo de negocio burqués.