Garantía

Pregúntesele al enamorado: ¿Resignaría usted el amor de todas las mujeres del mundo por tener garantizado el de una sola? Es decir… Si viene Dios (o el diablo), y le propone el amor eterno de la mujer a la que usted ama, a cambio de que ninguna otra mujer se enamore nunca de usted… ¿usted aceptaría? El verdadero enamorado, el que siempre se equivoca, no lo dudaría.

Pero el problema no es vivir con la carga del desprecio de todas las mujeres del mundo (cosa que en algunos de nosotros no distaría demasiado de la realidad), sino en la garantía del amor de la Mujer Amada. Porque el amor no sirve garantizado, no puede ser otorgado como un premio o un derecho. Uno no puede merecer ser amado. La esencia del amor esta en su fragilidad, en la posibilidad inexorable de rompimiento, en la necesidad de merecerlo.
Por eso a no quejarse; ya que si no existieran el desengaño, la seducción, el sufrimiento, el histeriquismo, el “pense que eramos amigos”, el remarla con dos cucharitas en una bañadera de dulce de leche… no existiría el amor como tal.