Subproductos

Volvamos un poco a la anécdota de Edison y de su maravilloso afán por dedicar su vida a realizar algo que luego le serviría para levantarse una minita(1), y lleguemos a la atrevida conclusión de que se la levanto precisamente por dedicar su vida a otra cosa. Expliquemos.
Jon Elster llamaba “estados que son esencialmente subproductos” a emociones que no pueden lograrse concientemente y que por eso, si bien son de vital importancia para nuestra felicidad y plenitud, sólo se consiguen como fruto de otra actividad diferente. Ejemplos de estos subproductos podrían ser el respeto, la dignidad o la autoridad: si los fijamos como un objetivo único e inmediato, probablemente nunca los alcancemos. Si uno pretende suscitar respeto, por ejemplo, lo mas probable es que quede como un gil. Lo que hay que hacer es realizar otras actividades, mas formativas y satisfactorias a nivel personal, y estos subproductos (que en general tienen que ver con nuestro lugar en una estructura social) llegarán como resultado “secundario”.
El enamorado sufre esta contradicción como ningún otro: es él quien por definición pone a la aceptación de la Mujer Amada en su lista de prioridades y objetivos principales, y pierde de vista lo esencial, que es su propia plenitud. Se esmera por ser amado componiendo canciones, regalando chocolates, bañándose todos los dias o escribiendo en un blog, ignorando que lo único que debe hacer es “dejarse ser”, para que el amor llegue cuando uno no lo está buscando… como siempre. Porque aunque lo consiga de esta manera, no lo sentirá con la sinceridad y profundidad sentimental que éste requiere. Es necesario que el amor llegue de forma inesperada o “por casualidad”, porque de así sentiremos que nos corresponde por algo que somos, y no por algo que hacemos.

Vaticinamos conclusiones apocalípticas: si uno busca el amor, este nunca llegará; y sólo tocará nuestra puerta cuando estemos compenetrados en alguna otra actividad mucho mas interesante(2). Pero ELO propone una solución: disimular. Hagámos como Edison, simulemos dedicar nuestra vida a realizar inventos que van a servir para el bien comunitario y el avance de la humanidad, cuando en realidad todo lo que queremos hacer es levantarnos a esa minita que no nos da ni la hora.

(1) Perdón por el impasse sentimental del posteo anterior, voy a tratar de que no se repita.
(2) Me es divertido tomar esta metafora de “ el amor que toca a mi puerta”, lugar común entre otarios con berretines de escritura como yo, a modo literal; y pensar que el amor va a tocar a tu puerta no cuando estes recien bañadito, perfumado, vestido de traje y con un ramo de flores en la mano; sino probablemente cuando estés sucio, en calzones, disfrutando de una rica picada de salamines colorados (el amo de la alitosis) y mirando la final de algun mundial a la cual haya llegado Argentina… cosa de que te rompa bien las pelotas.