Pescados

El otro día pesqué pescamos(1) con mi viejo una raya que podría pesar tranquilamente unos 20 kilitos(2). Mas allá de los detalles, que no harían otra cosa que alardear aún más la proeza (quizás todo este posteo sea solo una excusa de ostentación), quería recalcar sobre una curiosa característica que poseen los peces, y que es tan extraña que no se si es aplicable a algún otro ser vivo.

Así como dicen que después de muertos nos siguen creciendo los pelos y las uñas, los peces tienen la extraña característica de seguir creciendo una vez pescados. Incluso una vez ingeridos. Algunas de los universidades mas importantes del mundo han hecho estudios tratando de explicar este fenómeno, pero dichas investigaciones se hayan todavía en etapa de experimentación (que quiere decir que salen siempre mal).

De todas maneras, la tesis es fácilmente comprobable.
Hágase la siguiente prueba: acérquesele a un pescador el cual haya recibido recientemente el agraciado don de haber pescado una presa lo suficiente grande y pesada como para alimentar su orgullo y agrandar su ego como sorete en kerosene. Mídase y pésese el pescado, anotándose los datos en un anotador.
Guárdese la nota durante un tiempo considerable, al menos un par de meses, y vuélvase al pescador y pregúntesele cuales eran el tamaño y el peso de dicho pescado (que indudablemente recordará). La respuesta lo asombrará. Comprobará, al medir la distancia entre las palmas de las manos del pescador (típico gesto utilizado para expresar dimensiones de elementos alargados), que el tamaño será mucho mayor al medido la primera vez. En efecto, el pescado ha crecido.
Vuélvase a realizar este procedimiento las veces cualesquiera, y el resultado será el mismo: el pescado irá aumentando en largo y en peso a medida que avanzan los chequeos. Cámbiese de pescador, de país, pescado… la conclusión será siempre la misma.

Los pocos resultados que pudieron rescatarse de dichos estudios, relacionaron este extraño comportamiento con otros casos parecidos, pero en ámbitos diferentes: parece ser que ciertos goles perpetrados en épocas lejanas antes de la existencia del registro de video, o la cantidad de figuritas en los álbumes coleccionados en la niñez, o incluso las tetas de algunas ex novias desaparecidas; pertenecen a la misma familia de fenómenos que “crecen” una vez ausentes o perdidos.

Tengo miedo de forzar una generalización y elaborar una conclusión tirada de los pelos, o pescada con un anzuelo. No se si tiene que ver con un orgullo desmedido, con posibilidad de la mentira al ser único testigo (o con la ignorancia de la exageración), con la nostalgia de que todo tiempo pasado fue mejor, o con la idea de la creación de una realidad a partir de la instauración de un concepto supuestamente objetivo en el universo simbólico del Gran Otro. Gran Otro… grande como la raya de 30 kilos que pescamos el otro día.

(1) Técnicamente la pescó él, yo solo ayude por turnos a traerla hasta la costa. Pero es mi blog.
(2) El diminutivo viene a resaltar irónicamente la cantidad exuberante. Sin embargo, en otros casos, como en el de los vendedores ambulantes, se usa de la forma inversa, es decir, como un diminutivo (“a sólo 3 pesitos señora…”). Esta claro que un peso y un pesito, y un kilo y un kilito, valen la mismo. Es la idea misma de mesura. Pero que quede claro que 20 kilos de raya es mucho.