Cuestion de Timing

“Uno de los principales signos de la madurez, es saber posponer los placeres” me dijo una vez mi tío hace ya varios años, cuando yo le reprochaba que él hacia el asado demasiado lento. Creo que algo de razón tenía, porque uno de los secretos del disfrute, y quizás de la felicidad misma, es el eficiente manejo del tiempo.

En el cine la herramienta ideal para manejarlo, para explotar ese ritmo para uso propio, es el montaje; el ordenamiento temporal de los planos. Un montaje es vital para, por ejemplo, que una comedia funcione como tal. Los tiempos del chiste, el ataque y el decaimiento del gag, la repetición, son sólo algunas de las formas de lograrlo, y es, por lo menos a nivel personal, una de los problemas más difíciles de trabajar incluso desde el guión. Siempre me costó muchísimo encontrar el ritmo justo para cada corto, para cada escena, y he tenido muchas pifias en ese sentido: creo que los principales problemas de los cortos es ese, una cuestión de ritmo, o demasiado rápido, o demasiado lento, pero nunca el justo. Es una de las cosas sobre las que habré de trabajar a corto plazo, aprender a manejar los tiempos justos, ideales para cada situación o escena.

Y este problema también suele darse en otros ámbitos de la vida. La seducción también tiene un ritmo, que debe ser trabajado especialmente en cada caso. Uno trata de ahorrar burocracias, pero querer apurar las cosas muchas veces es contraproducente. “You cant hurry love”, dice n The Supremes, acertadamente y con un ritmo pegadizo (me es casi imposible pronunciar el titulo de la canción sin que se me pegue). Y este axioma podemos aplicarlo a dos de los momentos más disfrutables de una relación amorosa: tanto en el levante como en el acto sexual. En el levante porque hay que saber manejar los tiempos de la seducción antes mencionada, ocultarse, alargar los lapsos, a veces hasta ausentarse, poner distancias para que luego sean acortadas; y en el acto sexual para lograr una mayor perduración del disfrute, tener cierto tipo de control, regular, acelerar, aflojar, volver a apretar… saber diluir el climax de forma equilibrada.

Así, el manejo del ritmo se hace fundamental para llevar adelante nuestra vida, tanto la del amante como la del montajista. Ambos deben aprender a controlar los ritmos. Posponer el deseo y el gag, ser cauteloso(1), confiar en su instinto, ponerse en el lugar del otro (la mujer o el espectador), y no apurar el gag porque sino sale el tiro por la culata; pero tampoco retrasar porque aburre.
Cuestión de timing.

(1) Ahora que lo pienso el estereotipo de montanista suele ser ese, una persona recatada, estricta, ordenada, prudente.