La Chota que no fue

A mi hermana le regalaron una cachorrita. No se que raza será, pero es linda, chiquita, así con las orejitas para abajo, q c yo; en realidad todos los cachorros son lindos. La cosa es que a la hora de elegir el nombre, propuse llamarla Chota. Pensé que seria divertido. “Señora, me cuida la chota?” podría decirle oportunamente a una vecina. O “Señora, se me escapó la chota… si la ve me avisa?”.

“Mira como se para la chota!”, “A ver si me lavan a la chota que ya esta largando olor?”, “Aflojen, estuvieron todo el día acariciándome la chota!” y “Vino el tío a jugar con la chota!”; fueron algunos de los comentarios que empezaron a saturar a mi familia. Generalmente me bancan los chistes pelotudos, pero ya me estaba yendo al carajo. Hasta que mi abuela tomo riendas en el asunto, se acercó indignada y me dijo susurrando en croata (cuando dice algo en croata quiere decir que esta enojada) “Eso es guarango”. Tenía razón.
Luego, con un trato mas amigable, justifico que, preocupada por la imagen de la familia en el barrio, ella se negaba a ir por la calle, por ejemplo si se escapara un día la perra, gritándole “Chota veni para acá!”. Tenía razón nuevamente. “Vos decile Chola”, alegué por último, sin esperanzas de salir airoso de esa discusión (nunca voy a salir airoso de una discusión con mi abuela).
Al final le pusieron Hunjet (que en croata se leería “Juniet”). Chota estaba mejor.