Pirulinismo

Los Pirulines son unos chupetines muy populares en la juventud argentina (desconozco si gozan de reconocimiento mundial), de colores generalmente rojo, verde y amarillo, y de forma cónica, que están compuestos por una durísima mezcla de caramelo con alguna otra cosa muy parecida al caramelo, que probablemente sea caramelo. Se los puede encontrar en casi cualquier lugar donde suelan abundar niños (salidas de colegios, plazas, playas) y son distribuidos por vendedores ambulantes de golosinas, mas conocidos como "Caramelereos". Su reconocimiento, además, puede darse a varios kilómetros de distancia, ya que estos comerciantes acompañan su paso al grito de “iiiirulineé” (1) o, los mas explotadores, “lloren, chicos, lloren; a los pirulines”.

La aceptación cultural de dicha golosina esta repartida. Hay quienes apoyan su comercio, incluso buscando firmas para que sea nombrada como “Golosina Nacional” (2) llegando al punto de, los mas fanáticos, querer incorporarlos al escudo de la republica.
Vemos como, en la versión Pirulinista, la golosina viene a ocupar
el lugar del gorrito de Papá Pitufo (que era liberal)

Para hacerlo, expusieron una teoría que se basa en el desarrollo educacional que posee el Pirulín. Trataremos de resumirla. Esta golosina, como vimos anteriormente, se vende como una necesidad impuesta al pequeño argentino: “Lloren chicos, pidan sus pirulines” alientan los comerciantes, y los ingenuos niños acceden sin saber lo que les depara: el proverbial envoltorio del Pirulin, casi invisible y tan finito que podríamos decir que tiene una sola cara, es casi imposible de despegar. Hay quienes dicen que es parte del chupetín, o incluso quienes niegan la existencia de dicho envoltorio. De cualquier manera, el niño se ve llevado a un desafió que le ocupará probablemente varias horas o días (cuando no, meses) del resto de su vida. El infante, al no poder desenvolver el Pirulin, objeto de su deseo, se da cuenta de que no todo es color de rosas en la vida, que el mundo es cruel, y que la felicidad necesita de un esfuerzo. Así y todo, el Pirulín tampoco es tan rico como para justificar semejante trabajo, dejando en claro que no siempre nuestro esfuerzo tendrá sus frutos, que el mundo y la vida es injusta y que uno tiene que aceptarlo y seguir su camino. Todo esto se plantea el niño que, luego de comerse un par Pirulines, ya no lo será tanto. En un futuro no tan lejano, sabrá afrontar y aceptar los obstáculos de la vida con total madurez.

Por otro lado, los Antipirulinistas, persiguen a sus vendedores en las plazas para arrebatarles su, así la llaman, endemoniada mercancía. Según ellos el Pirulin no es más que la representación misma del diablo en el mundo de la niñez. Aluden que su gusto es atrayente pero vulgar, y que son casi eternos, como el infierno. Se basan en hechos: una de las leyes que han podido imponer en la Ciudad de Buenos Aires es la prohibición de su distribución en las canchas y estadios deportivos. Esto rige desde 1956, año en el que Giancarlo Partuzza, arquero de Atlanta, al atajarle en su cancha un penal a su contrincante tripero, festejó de cara a la hinchada y recibió, desde la platea visitante, un pirulinazo que le penetró la oreja (3). Debido al sangrado tuvo que suspenderse el partido y Partuzza quedo medio sordo, condenado de por vida a no poder disfrutar los avances de la radiofonía stereo. Este es el más popular de una serie de incidentes donde los Pirulines fueron usados como elemento punzante. Sus detractores también alegan que los colores incentivan al rastafarismo y al consumo de marijuana, y que su envoltorio, base y sustento de la teoría Pirulinista, no es más que una forma más de la maldad que reina en el planeta. Los mismos que hoy envuelven un Pirulin, mañana invaden oriente medio.

Como vimos, el Pirulin tiene sus pros y sus contras, sus defensores y detractores. Quienes escribimos este blog (lo que me queda de ego y yo), no tomaremos partido por ninguna de las dos fracciones, quizas por ignorancia o negligenica, aludiendo que si bien los Pirulines tienen todos el mismo gusto a mierda, a los nenes les viene bien un churrasco de vez en cuando.


(1) Con acento en la segunda “E”, no es que sea frances.
(2) Su competencia mas cercana es el Topolino y el caramelo Media Hora pero, probablemente a causa del gusto a bosta que tienen éstos últimos, su convocatoria es mucho menor.
(3) Años mas tarde se conoció el agresor: Enrique Zorvito, reconocido hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata y Campeón Provincial de Dardería.