Notas sobre el histeriqueo

Es común escuchar de boca de las mujeres el hecho de que los hombres ya no son lo que solían ser, aludiendo que el histeriquismo, cualidad que solía ser característica del género femenino, de a poco se esta haciendo ambilateral, inundando es espacio masculino.

Primero definamos este concepto, tomando mas la concepción popular del mismo, mas amplia, por sobre la estrictamente psicológica. Digamos que el histérico es una persona que, mas allá de tener ataques nerviosos o de ansiedad, no sabe lo que quiere; o tiende a ser difícil de comprender. Por ejemplo, si una mina nos rechaza pero al otro día nos manda un mensajito para encontrarse, podríamos tranquilamente catalogarla de histérica (en el mejor de los casos), sin importar los nervios o reacciones que pueda tener.

Mi respuesta ante comentarios del tipo de “los hombres de ahora estan cada vez mas histéricos” suele ser que esto es culpa de ellas. Y, como es muy difícil elaborar una teoría frente a una mujer que está hablando mal de los hombres(1), voy a utilizar este espacio para justificarme.

Las mujeres encaran cada vez más, esto es empíricamente comprobable. Antes, esta posición era un derecho, y casi una obligación, del hombre; la mujer se dedicaría a las (masomenos) indirectas y a favorecer las disposiciones espaciotemporales para el encare, pero el que debía dar el primer paso, el puntapié inicial, era siempre el hombre. La mujer, entonces, tenia el derecho de la respuesta, de la segunda palabra, el poder de la decisión.

Es así como, en los últimos tiempos, en este afán por tomar cada vez más el lugar y la preponderancia que históricamente ha tenido el hombre en la sociedad, las mujeres se han comenzado a apropiar de este espacio antiguamente varonil(2). Así, llegamos rápidamente a la conclusión de nuestra tesis: al ser la segunda palabra otorgada al hombre, el lugar para el histeriqueo es cedido. El hombre pasa a tener ese poder de decisión.

Pero esto no termina acá, ya q no justifica de ningún modo el histeriqueo sino que sólo da lugar al mismo. Así que para esto nos adentraremos en este “poder de decisión”, pero recalando, mas que sobre la palabra decisión, sobre el concepto de poder. Este encare, denota unas inconfundibles intenciones de parte de la mujer de compartir el lecho amoroso con nosotros. Intenciones que antes también estaban latentes (a partir de la preparación espaciotemporal antes comentada), pero nunca tan explícitas: siempre había lugar para la duda, para el rechazo, para ese tenebroso “te quiero como amigo”. Entonces, al evidenciar sus intenciones, al sacarlas a la luz, el hombre se agranda, es consciente de su nueva posición de Objeto Deseado, y es tentado a hacerse rogar, al histeriqueo, por el mas viejo de todos los vicios(3): el Poder. Porque el encarado se siente poderoso, sabe que tendrá a sus pretendientes a los pies, tiene esa certeza y se regocija en ella. Es el poder que gozan las mujeres hermosas.

Así, entonces, el histeriqueo masculino es culpa de las mujeres están tomando lugares que antes les eran ajenos. No tengo nada con que incursionen en nuevas experiencias, pero chicas, a no quejarse, que sarna con gusto no pica.

Personalmente me gusta creer que soy una persona chapada a la antigua. Que disfruta de esa obligación del encare, de esa terrible incertidumbre antes del primer beso, y que, parafraseando a Dolina, un amigo de la casa, no cree en el histeriqueo ni en el ser difícil: uno es facilísimo, o imposible, dependiendo de la mina en cuestión.


(1) Con el tiempo uno aprende que cuando una mujer esta tratando de explicar una idea, es inútil intentar cualquier tipo de interrupción, porque no seremos escuchados ni tenidos en cuenta. Por mas de que nuestras refutaciones sean totalmente fundamentadas, tendremos que dejarla hablar, hacer no solo como si estuviéramos escuchando, sino también como si nos interesara, y dejarla terminar de concluir su idea (cosa que no suele suceder).
(2) Esta es solo una de las tantas actividades en las que quisieron incursionar, junto con otras que no voy a ponerme de enumerar porque después me termino peleando (especialmente con mis compañeras cineastas).
(3) O uno de los mas viejos.