Diálogo II

Rodaje. Mucha gente anda dando vueltas por la escueta locución de una ferretería, donde, en un tiempo muerto entre plano y plano, Ricardo esta reflejando algunos tímidos rayos de sol que se vaticinan entre las oscuras nubes de Pompeya, un barrio con mas pozos que Greg Popovich. Entre todo el quilombo y desparpajo característico de los locales del rubro, hay una pila de folletos que dicen “Hilda Gutierrez, concejal”(1) acompañados por una foto en primer plano de una mujer con una cara la cual le llama bastante la atención. Es difícil de describirla, se trata de una mujer probablemente cincuentañera, con un peinado (si es que puede llamárselo asi) un poco desparpajado, casi eléctrico; y una fachada asimétrica, que podría titularse de resacosa, cercana a la cara que probablemente tenga la señora un domingo a las 6 de la mañana. La desordenada sonrisa tampoco ayudaba al carisma que, probablemente, se esperaba que trasmitiera el cartel.
Entonces Ricardo toma uno de los folletos, y se lo muestra a su amigo que estaba parado al lado suyo.
- No… mirá esta cara, boludo…
- Uh, tremendo… Hilda Gutierrez? – se pregunta en voz alta y tono burlon.
- Es mi vieja… - dice el empleado de la ferretería, un completo extraño, que estaba sorpresivamente sentado al lado de Ricardo. Su cercanía, pero mas que nada su expresión adusta y la oportuna sequedad del tono de su voz, daban a entender la idea de que había estado escuchando toda la conversación.
Así, Ricardo aprendió los peligros de intentar hacerse el gracioso en frente de desconocidos.

(1) Reservaremos su identidad por respeto. Si, todavia mantengo el respeto.