Los Amigos, el Objeto Amado, el (no) Ser y el Estar

El otro día en una fiesta de disfraces empecé queriendo disfrazarme de John Travolta en Grease, y terminé siendo una especie de Snake (o un serial killer de los 70, para algunos). Evidentemente mi transformación era mucho pedir. Esta claro que uno no siempre puede ser lo que quiere ser. Y mucho menos lo que otros le piden que sea.

El rechazado amoroso (una de las personas mas detestables que podamos conocer) es quien sufre esto de una manera irrefrenable. Sufre porque no es, porque no puede ser. Porque el objeto amado, esa cosa única e irrepetible que posee, no lo ve de la misma manera. Para esa persona a la que ama, Otro es ese objeto único e irrepetible, y por lo tanto irremplazable. Un Otro diferente, con nombre, apellido y dni diferentes; o muchas veces un Otro ficcional, creado por ese objeto amado en base suposiciones, masomenos justificadas, de uno mismo. Muchas veces ese otro somos nosotros, representados, vistos de otra forma. “Pensé que eras mas flaquito” podría decirnos una chica al salir de la oscuridad de un boliche (ya hablamos de esta característica perspectivista y ficcional del objeto amado: no esta oscuro sólo en el boliche, esta oscuro en todos lados).

Entonces el rechazado se ve en la situación de tratar de tomar esa posición a base de méritos: invita al cine, hace ejercicio, regala flores y bombones, escribe cartas, o hasta cuelga pasacalles. Pero no sirve de nada, esas cosas sirven solo para resaltar algo que ya está, para magnificar un sentimiento existente, pero la realidad es que nunca un tipo va a conquistar a una mina por llenar un jardín de flores amarillas. A la mina ya le gustaba de antes.

El rechazado sufre porque no es, porque por más de que lo intente, nunca va a poder ser John Travolta en Grease. Entonces el objeto amado (como pasa siempre, por alguna razon o por otra) desaparece, casi siempre eternamente, a cocinar chocotortas para otros señores, que las merecen más, y que suelen ser mucho mas parecidos a John Travolta.

Con los amigos es diferente. El amigo no se comporta de la misma manera. Quizás tenga que ver con este carácter único e irrepetible lo que difiera (uno puede tener cinco amigos pero no cinco objetos amados), pero el tema es que el amigo no necesita que uno cambie, el verdadero amigo nunca nos va a querer diferente de lo que somos. El amigo también sufre de nuestros defectos, pero aguanta, aconseja, y, por sobre todas las cosas, entiende. Entiende que uno no es porque no quiere, sino porque no puede. Y que necesita del otro para seguir adelante a pesar de esa distancia, y en las malas más que nunca.

Por eso estoy tan orgulloso de mis amigos, porque están, y la mayoría desde hace muchos años. Porque por mas que yo no tenga otra cosa que defectos para ofrecer, siempre estuvieron. Y agradecido porque hoy no se donde estaría sino fuera por ellos. Estuvieron a pesar de que varias veces los deje de lado para salir con una minita, a pesar de que los putee si me ganan al truco; pasándome la pelota por mas de que no la meta ni de casualidad. Para seguir pateando, para romper la racha. Y siguen estando, sabiendo que probablemente lo vuelva a hacer.

Entonces, dirán ustedes, si tus amigos son tan importantes, ¿Por qué nunca los nombrás? ¿Por qué nunca hablás de ellos y siempre del amor y la musa y esa sarasa? eh? chanta!... La diferencia es que el vacío de los amigos nunca se produce(1). Uno no suele tener tiempo de extrañarlos, ni de llorarlos, ni de reflexionar sobre ellos, justamente porque siempre están. Así que aprovecho esta fecha ya pasada para citarlos, aunque sea un poco, y recordarles que aunque muchas veces uno se olvide o no se atreva a decirlo (por orgullo, o porque tiene un personaje duro y austero que mantener), siempre voy a pensar que si hay algo de lo que estoy orgulloso, es de mis amigos.

(1) A veces viajes o situaciones de fuerza mayor, pero no por voluntad propia.