Creación

El hombre existe para crear, y el concepto de creación tiene que ver con la idea de permanecer, de dejar algo, de aspirar a una inmortalidad. Ante la inevitabilidad de la muerte, uno se ve forzado a la creación.

Creación que puede darse de dos maneras: a través el amor(1) o a través del arte(2), las dos ocupaciones supremas del ser humano; las dos fuentes de placer y felicidad más exquisitas.

El problema es que estas dos formas de vida, quizás, suelen superponerse una con otra; es difícil encontrar el equilibrio entre ambas. Por eso el desengañado amoroso suele inspirarse, y ser propenso a la creación artística: porque el objeto amado, al ausentarse, le saca de encima una de esas responsabilidades. Como el amor le es negado, debe llenar ese vacío creacional de otra manera. El artista sufre de amor, así como el enamorado no necesita del arte.

De esta última frase, cuestionable pero conveniente, podemos extraer dos ideas. La primera es una supuesta diferencia jerárquica entre los dos conceptos: uno suele preferir hacer el amor que hacer el arte, por ejemplo. La otra es que la manifestación artística, en cuanto viene a suplir un vació dejado por el amor, requiere de éste para existir. Si no hubiera amor y muerte, no necesitaríamos del arte.
Uno crea porque se va a morir, pero también para ser amado.

(1) Si fuéramos inmortales no necesitaríamos procrear.
(2) Tomemos la definición de arte mas amplia, cercana al concepto antropológico de cultura: el arte en cuanto virtud para hacer algo.