Oído al pasar

Primero de mayo a las 4 de la mañana (cálculo estimativo I). El Sr. Nono camina vistiendo una remera de Superman, acompañado por algunos amigos, por Cabildo y Manuela Pedraza(1) (cálculo estimativo II). Lleva una graduación alcohólica (apenas) suficiente como para hacer totalmente impredecible adivinar la próxima baldosa que vaya a pisar. En una esquina se encuentra con un viejo borracho (otro) que, al ver la remera del Sr. Nono, se repone de sus aposentos y se levanta el par de puloveres viejos que tiene puestos para dejar a la intemperie otra remera, también de Superman. Entusiasmado y quizás orgulloso por la casualidad del paralelismo encontrado, el viejo comienza a cantar (sin soltar los puloveres, cual festejo de gol) :

“Espaiderman! Espaiderman!”

La verdad que no entonaba nada mal, a pesar de la voz ronca y agridulce. Eso lo hacia más simpático. El Sr. Nono, entonces, saluda al viejo con un pulgar arriba, y sigue su camino con una sonrisa que le duró casi dos días y medio (cálculo estimativo III).

(1) Hace unos años me saque una duda existencial que tenía con respecto al nombre de esta calle: no estaba seguro si era Manuela Pedraza, o Manuel Apedraza. En este último caso, imaginaba un tipo, oportunamente llamado Manuel, tirando piedras a los transeúntes. Después pensé que debería ser “apedrea”.