La Musa

El 8 de marzo que acaba de pasar, me da una buena excusa para, si se me permite el lujo, hablar de la mujer. Cito algunas frases que suelo usar como de cabecera: “La mujer es todo lo que sabremos del paraíso en la tierra”, escribió Camus. “Todo lo que hace el hombre es para levantarse minas”, dijo alguna vez Dolina. “Allí donde estaba ella, allí estaba el paraíso”, reza el epitafio de Eva. “Si existiera la perfección, tendría forma de mujer”(1) se me ocurrió alguna vez, pero probablemente lo haya robado de algún lado. Hay mucho de que hablar, pero hace rato que quería hacer referencia al tema de la Musa (hago el chiste ahora así ya me lo saco de encima) y no me atrevía a escribir nada. Sabrán disculpar las torpezas, esto es una simple reflexión a las apuradas por lo sobre el pucho de la fecha en cuestión.

La Mujer, gracias a su proverbial carácter seductor(2), a esa forma de saber materializarse como El Objeto Deseo, tiene el maravilloso don de inspirar. La Musa es indispensable para la creación artística. Y es el hombre el que le confiere el carácter de Musa Inspiradora a la Mujer Amada, casi siempre ausente. Con ausencia no me refiero necesariamente a la negación total del amor: es un pequeño espacio vacío, propio de una visión perspectivista inevitable del ser humano (o del ser enamorado). Y es este espacio, indispensable para ejercer cualquier tipo de seducción, el lugar donde viene a recaer la creatividad del artista, que se ve forzado a llenarlo con algo suyo, sus sueños, su visión del mundo. ¿Qué es la seducción sino una distancia, dejar espacio para que el otro se vea forzado a avanzar? Y así como la seducción necesita de un ocultamiento parcial, de una sinécdoque, de cierta ignorancia; la creación también. Alguien que lo sabe todo, no puede crear nada. Y el carácter maravilloso se da en esa ausencia, en esa incertidumbre.
Pero quisiera también desmentir lo que a prima facie parece una concepción machista de la posición de la Musa. La Musa no esta sublimada al artista, no esta ahí sólo de modelo inspirador y “andá a hacerme un café” (en el mas ingenuo de los casos). Todo lo contrario. Es Ella la creadora, la que posee el carácter de Diosa, y la que le confiere el poema al artista. El hombre es un simple instrumento (iluso, quizas) de su divinidad. Una poesía (o el arte en general, cualquier cosa que la mujer inspire) es maravilloso sólo gracias a Ella.
En fin, si nos pusiéramos cachondos cursis podríamos decir que amar es una forma de creación. Y así como no hay nada más maravilloso que el arte, tampoco hay nada mas maravilloso que amar a una mujer.


(1) Esto es un poco mas complicado. “Conozco tus defectos, aun así te amo”. Eso es algo que nunca supe explicar demasiado, pero de lo que estoy convencido. Es como si los defectos de una persona es lo que la diferenciara de las demás; es lo que le da ese carácter único, necesario, al ser amado. Es como que uno amara los defectos del otro. No se, ya lo pensaré mejor.
(2) Agreguemos que para poseer seducción, también se debe poseer otros dones como la mentira, el ocultamiento y la crueldad. Pero eso lo hablaremos en otra ocasión.