Cartón lleno

“El viernes vayamos a jugar al Bowling!” propuso emocionada una amiga mientras se subía al auto, después de un asado en casa. Me gustó la idea, al igual que a varios de los presentes, así que decidimos proyectarla. Yo quedé en confirmar sobre la hora por cuestiones laborales, y como era el nexo de amistad entre varios de ellos (digo, todos son amigos míos, pero no tanto entre si), era como casi decisiva mi presencia. Confirmé a último momento, y creo que ese fue el factor para que algunos se bajaran sobre la hora, y que la salida quede conformada por cinco amigas y yo (no crean que es de winner ni nada parecido, simplemente se dio así, si lo quería planear no me salía).
Muy bien, la idea, como dije, era juntarnos en casa e ir juntos al Bowling, y terminar temprano porque varios laburábamos a la mañana siguiente.
Pero en eso a una de ellas, no recuerdo cual, se le ocurre ir al Bingo. Me niego rotundamente. El resto, quizás sólo por llevarme la contra, se complotan e insisten. Me planto, y rozando el capricho infantil amenazo con no ir y quedarme en casa, proponiendo bar, pool o bowling como únicas opciones viables. Votamos. Salgo perdiendo. Era obvio. Entonces propongo, como ultima opción y esperanzado por cambiar el rumbo de la noche, que lo decida la última chica que faltaba llegar. Llega y, a pesar de mis chantajes y amenazas, sucede lo peor: vamos al Bingo.
Al fin y al cabo ya me había bañado, así que no me iba a quedar en casa. Y no me iba permitir que me caguen la noche cinco pendejas niñas caprichosas (iba a poner pendejas, pero me arrepentí). Así que puse mi mejor cara de orto, la mantuve lo más que pude, y las acompañé con la idea de joderles la noche a ellas. Puteando, desesperanzado, dolido y, por sobre todas las cosas, encaprichado. Para colmo, al bajar del auto pisé mierda. “Cartón lleno”, pensé.
Y así fue: dos horas mas tardé había ganado $600, y el número definitivo fue el 15. Que ironía.


N.d.A.: Inmediatamente después la noche cambió de rumbo cual plot point Shyalamano: mi mal humor pareció traspasarse a ellas (ya que no ganaron nada en toda la noche) y al rato llegó mi amigo Esteban que me ayudó a que el complot no sea tan desparejo. Al final las invite una picada en el río (para comer, no para correr), porque en el fondo no son tan malas. Dormí dos horas y media, pero no me importó.