Abrojos

El ser humano se preguntó muchas veces cual el sentido de su existencia, su misión en el mundo. El amor, el arte, Dios mismo… éstas son razones mas que suficientes, y es probable que la respuesta no exceda mucho mas allá de esos términos. Pero lo que sí es cuestionable, y pongo de inmediato en tela de juicio, es el sentido de la vida de un abrojo.

Todo parece indicar que la misión en este mundo de abrojo es la de hinchar las pelotas. ¿Hay acaso algo más molesto que ir caminando plácidamente por la playa, o por las calles de las ciudades de la costa, disfrutando del sol, la arena y los escotes prominentes; y pincharse la planta del pie con un abrojo? Porque no hay abrojos en Florida y Lavalle, donde están todos calzados, no, ¡para que! el hábitat de los abrojos es la playa, el lugar donde todos queremos estar descalzos. Definitivamente, para lo único que existen es para jodernos la vida.
Porque nisiquiera es una planta “bella”, como puede ser la rosa que compensa, sabia y poéticamente, su belleza con las espinas; no, estamos, quizás, en frente del vegetal mas pedorro del mundo, un pasto de mierda con tres bolitas pinchudas encima.
Además, muchas veces esas agujas se desprenden de la bola madre y ésta queda con sólo un par de protuberancias, y claro, seguro que quedan para arriba para que te las claves cual terapia de digitopuntura. Con que tenga uno, solo uno de esos infernales elementos fálicos; alcanza para que los azares cósmicos se confabulen para que te lo claves, y lo más probable es que sea en ese cachito de pielcita que une al dedo chiquito con el anular del pie, cosa de que te duele hasta el rincón mas profundo de tu alma. Porque, esta comprobado científicamente, tampoco es que haya taaaantos abrojos esparcidos por todo el mundo que te clavas, fácil, cinco por cuadra. No, lo que pasa es que están estratégicamente situados, por nuestra malévola madre naturaleza. para que nos los clavemos todos y cada uno de ellos. Es el colmo de la eficiencia, no existe abrojo al pedo, todo abrojo tiene como destino inexorable el pie de algún transeúnte.

Nos sentimos violados, casi literalmente, por una mierda de yuyo asqueroso que tiene como único objetivo la penetración. Es el Rocco Siffredi del reino vegetal. Así, los abrojos son una muestra más de la crueldad de un Dios que se ríe de nosotros, y la evidencia del mandato cruel y perverso del orden natural.