Plano Secuencia

En el ámbito cinematográfico llamamos Plano Secuencia a una toma sin cortes, que contiene cierta duración, y cierto tipo de complejidad o progreso dramático. En general en estas tomas la cámara suele moverse bastante, siguiendo la acción, al personaje, o lo que sea que el director quiera contar. Recordemos uno de los Planos Secuencia mas recordados, del master Orson Welles en Sed de mal donde la cámara sigue todo el transcurso de una bomba desde que es activada hasta que explota (de una forma maravillosamente compleja, ostentando la maestría de ducho director). Otros films, que llevan al extremo esta proeza técnica (aunque con dos intenciones diferentes), son La Soga, del supermaster Alfred Hitchcock y El Arca Rusa, de Sukorov.
La primera, filmada en el año 1948, esta conformada por diez tomas de no más de 10 minutos cada una (que era lo que le permitía filmar el rollo de fílmico), todos planos secuencia con sus intersecciones disimuladas por trucas en cuadro: antes de cada corte la cámara se acerca a la espalda de un personaje, o se acerca demasiado a un objeto dejando oscura la pantalla, y escondiendo la transición entre una toma y la otra. El Arca Rusa, por el contrario, filmada hace unos pocos años, contó con tecnología digital que le permitió al director grabar toda la película en una sola toma. Una proeza técnica destacable, pero no mucho más que eso. En cambio en La Soga, Hitchcock, como buen director de espectadores, es completamente consciente de lo que provoca esta ausencia de corte en el espectador, el hecho de saber que hay un cadáver en la habitación que puede ser descubierto en cualquier momento por cualquier de las personas presentes, sumado el hecho de que constantemente se nos esta negando el corte, que el espectador, acostumbrado a la narración clásica fragmentada y orientada a su piacere, pide a gritos; da cuenta del uso totalmente justificado del plano secuencia, de una continuidad entre contenido y forma al punto de complementarse perfectamente el uno con el orto.

Ustedes se preguntarán, ¿a donde quiere llegar este papanatas(1), después de haber denigrado con su prosa mediocre a dos de los más prestigiosos directores? Ya vamos...

Gracias a las generosas promociones del Blockbuster (me gusta pertenecer al sistema), el otro día vi Los Crímenes de Oxford, de Alex de la Iglesia. Había leído algunas (muchas) criticas desfavorables de la película, pero a mi me gustó(2). El “encare” se aleja un poco (un poco nomás) a sus films anteriores, aunque mantiene su estilo Hitchcockiano en un contexto diferente(3). En fin, a lo que quiero hacer referencia de esta película, es, calculo que sospecharan, a un plano secuencia. La toma comienza con un primer plano de una chica tocando el chelo en un teatro, hasta la casa de esta chica, pasando por una librería, y cruzándose en la calle por casi todos los personajes de la película. Lo que tiene es que es mentiroso, como el cine mismo, ya que tiene cortes, del mismo modo que La Soga, escondidos en objetos cercanos o movimientos de cámara. Lo que lo diferencia de aquella película del gordito picaron, es que, por cuestiones técnicas, los cortes de Los crímenes… están muchísimo mejor disimulados, y pasarían desapercibidos por cualquier espectador tradicional. Desde luego que estas trucas estan completamente justificadas ya que un plano secuencia real que pase por todos esos lugares seria largo y tedioso.

Entonces la pregunta que surge es la siguiente: ¿Podemos llamarlo plano secuencia de todas maneras? ¿Podemos decir que la película de Hitchock, al igual que la de Sukorov, es un gran plano secuencia en su totalidad? Yo me atrevería a decir que si. Pero el problema radica en el punto de vista que queramos tomar: el técnico (el del director) o el narrativo (el del espectador).
Para el director, no solo testigo sino protagonista del rodaje, dicha toma serán “dichas tomas”; que luego tomaran forma en el montaje. Para el espectador, ignorante de la maquinaria de trabajo oculta detrás (o delante) de la pantalla, ese será un plano secuencia.
Desde ya la idea del cine como eterna mentira lo sustenta totalmente(4). Si los cortes son imperceptibles, el plano secuencia es viable. Y si tenemos en cuenta la idea de que la puesta en escena se configura, se completa, en el espectador, que le da unidad en su cabeza a esos fragmentos de imágenes y los asocia con el concepto de “realidad”, de mas esta decir que podríamos decir que esta todo dicho(5).

Así que no me vengan con que La Soga no es un plano secuencia, porque si para el espectador actúa como tal, si el espectador siente esa ausencia de corte, esa represión que lo deja cara a cara con lo real, entonces es un plano secuencia. Y punto. .


(1) Que palabra graciosa.
(2) Tomadlo con pinzas, ya que un amigo me dijo una vez “Nono, si Alex de la Iglesia caga en un rollo de filmico y lo proyecta, a vos te va a gustar”. y probablemente tenga razón.
(3) Otras veces esa “mancha hitchcociana” fue mas explotada en sus comedias, y en esta pelicula, quizás, con su propósito “original” de suspense y extrañamiento serio.
(4) Si nos ponemos en nenitas caprichosas, cualquier plano secuencia tiene 24 cortes por segundo, perfectamente imperceptibles.
(5) Já!.