Fútbol Monogatari

El fútbol es un deporte maravilloso, en todos sus niveles. Las canchas de 5 de Vicente Lopez tienen historias extraordinarias. Meji y Magneto, dos locos que laburan en las canchas de Yrigoyen; el cementerio de pelotas (el techo de la fabrica de al lado de Unifutbol), o El Viejo Garage, cancha techada de florida que, se dice, es usada como gran horno los días de calor; son sólo algunas de las leyendas del barrio. Hoy pude ser protagonista de uno de estos sucesos que pasarán a la historia.

Me encontraba jugando en una reconocida cancha de fútbol de la zona de Vicente Lopez. Promediando el partido, duro y apretado, tomo la pelota en el círculo central y levanto la cabeza. En un rápido vistazo configuro la totalidad de la cancha y planteo un mapa mental de la posición de mis compañeros y rivales. La situación no era prometedora, ya que no tenía muchas opciones de pase. Una vez más, me las tenía que arreglar sólo. Esquivo a un contrincante con un sorpresivo cambio de ritmo, pasando de 0 a 30km/h en menos de una baldosa. El segundo defensor se lanza en mi búsqueda, pero una quebrada de cintura lo desparapala por el piso. Al borde del área un tercer contrincante, vencido y resignado a no poder quitarme la pelota, intenta un golpe directo hacia mi rodilla, que esquivo oportunamente. Con el arquero mirándome temeroso como pidiendo clemencia (incluso me pareció escuchar que susurraba “ten compasión de mi Magnanimus Pulfer”), impulsé la pelota con los tres dedos exteriores de mi pie derecho haciéndola cruzar la línea de gol a una velocidad despampanante, a la altura del ángulo izquierdo, atravesando la red e impactando finalmente en el generador de luz de la iglesia de enfrente. Una llamarada invadió inmediatamente el cable eléctrico y el fuego no tardo en esparcirse. Recé un padre nuestro, a favor del inintencional sacrilegio perpetrado; justificándome que no puedo hacerme cargo de mis habilidades futbolísticas. A pesar de la tragedia, seguimos jugando, con la mitad de la luz en la cancha, y con los bomberos y el patrullero cumpliendo con su deber de apaciguar el infortunio inaugurado (1).


(1)Los hechos relatados en este post pueden diferir ligeramente de la verdad. En realidad no fue la pelota la que inicio el incendio. Ni siquiera meti ese gol, y mucho menos evadí esos jugadores. La verdad es que jugué bastante mal y me canse mucho, al punto de tener dificultades para respirar al finalizar el partido. Es que hacia calor, incluso mi hermano, en una frase casi tan graciosa como asquerosa, dijo: “es la primera vez en mi vida que me chivo TODA la remera” acompañando la expresion con la extensión de la vestimenta, demostrando la hipótesis en un acto de innecesaria y repugnante redundancia. Eso si, lo del fuego y los bomberos es verdad eh, no me vayan a tildar de fabulador…