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En mi caprichoso afán de buscar lo original, lo singular de los medios de expresión artísticos y tratar de exprimir su forma específica hasta dejarla casi en evidencia, a veces hasta la parodia; me cuestioné la utilización que le daba a esta herramienta que venimos a llamar Blog. Creo ir en contra de la corriente. No tengo predisposición a comentar hechos de actualidad (luego tanto la fecha como el orden de los posteos son casi accidentales, casuales), no etiqueto los temas, y hasta hace poco ni siquiera dejaba que me comenten blogs vecinos. Pero, más allá de estas pequeñeces, de las cuales algunas no tengo la menor intención de cambiar, hay un hecho vital en esto de la Internet, tan primario y omnipresente, que por su cotidianeidad pasa casi desapercibido: La Hipertextualidad. Esta forma interminable de entrelazar documentos, de laberintos linkísticos con lo cuales Borges se haría un festín y que forman círculos de enlaces en eterno movimiento cual Ouroboros con diarrea; es algo que posee un potencial que merece la pena ser exprimido.

Trataré, como se habrán dado cuenta en este mismo posteo, de explotar esta característica con mayor propiedad.
Casi hasta el hartazgo.