Tramontana

No gusto tocar temas inherentes a la agenda popular diaria, pero en este momento el calor tiene un carácter omnipresente en la vida de los argentinos. Para algunos, salir a la calle es exponerse a un constante flujo de sudor cayendo por la espalda, desbocando un caudal que seria la envidia de la garganta del diablo y un hedor digno de excomulgación. Son pocas las cosas que nos provocan satisfacciones, aunque sea placeres efímeros y momentáneos (que son los mejores). Una coca bien fría, un chorro de agua oportuno, un aire acondicionado bien acondicionado, o, mejor aun, un cuarto de helado, helado.

Pero para pedir con propiedad hay que saber elegir. Los gustos de agua o frutales, como frutos del bosque, durazno, cereza, limón, frutilla, son para personas nostálgicas. Los gustos casi desconocidos como crema del cielo o manjar blanco (nunca me atrevería), son para aquellos aventureros con ganas de experimentar. Los gustos típicos como chocolate, americana, vainilla, dulce de leche, en cambio, son ideales para los amantes de la rutina y la tradición. Y luego están los que compran gustos totalmente irracionales como Kinoto al whisky o Pistacho (es más un nombre de villano de dibujos animados que de helado). El Sambayon, en cambio, es un sabor bastante particular, pero indefinido, probablemente ideal para personas que suelen esquivar las generalizaciones. Pero todos sabemos que el gusto superior, el que tiene la cantidad justa de ingredientes, el que nos gusta pedir a los amantes de la vida sibarita, es la Tramontana.

Llamado así por un característico viento del nordeste de España(1), la tramontana consta de crema americana y dulce de leche por partes esplendorosamente iguales, retocadas con esporádicas bolitas crocantes de galleta(2) de chocolate. Inigualable. Incluso es sabido que es el gusto preferido de grandes referentes de la historia mundial, como Salvador Dalí por ejemplo, quien incluso realizara una pintura en honor a este maravilloso helado.
Cristo de la Tramontana, Salvador Dalí, 1968

Vemos en su fondo el blanco americana, y en el contraste con los marrones del dulce de leche y el chocolate la evidente presencia de los ingredientes suprascriptos (suponemos que los toques de rojo serán cachos de frutilla que habrían quedado en la cuchara). De más esta nombrar el carácter divino que, de esta manera, se le atribuye al gusto. Incluso hay quienes dicen que esos tres elementos representan a la divina trinidad (3), y que el mismísimo secreto de la salvación esta en este gusto de helado.
Sin embargo, como toda religión, tiene sus detractores. La Conspiracion de Heladeros en Contra de la Tramontana es una organización que se propone expulsar al gusto de todas las heladerías del planeta. “Es injusto que por unos mangos se obtenga una felicidad tan grande... la tramontana es el refugio de los mediocres, el opio del pueblo” dice Carlos Marquez, presidente de la organización. Estos personajes neoplatónicos fundamentan que la vida fácil no es una vida digna, que el esfuerzo es necesario para llegar a la idea de bien y justicia, y que la tramontana no seria mas que una mentira, una sombra en una caverna que debe ser expulsada de la república. Con este fundamento se han atrevido a subir su precio a cantidades irracionales, e incluso a vender la tramontana con una proporción de bolitas de chocolate mucho menor a la establecida constitucionalmente(4).

Sin embargo, nosotros, a quienes no nos gusta tomar partido por los extremos, sabemos que el esfuerzo es necesario para lograr nuestros objetivos, pero que la Tramontana es un atajo al ocio necesario para llevar adelante la vida en esta edad moderna. Porque como dijera don Julio Sosa luego de mandarse una cucharada entera de tramontana… ja jaray, jajay jajay, jarajajay, jaray, jo jo.

(1) En España hay un sabor de helado que se llama Pampero.
(2) Creo q nunca había usado esa palabra en mi vida.
(3) La americana es evidentemente el padre, el dulce de leche el hijo, que se ampara en sus brazos y busca resguardo, y las bolitas el espíritu santo, con sus periódicas y a veces sorpresivas apariciones.
(4) De 18 a 20 bolitas por ¼ de helado, ley 24.674.