Un primer acercamiento

Volví de mi viaje. Un viaje que no sólo me hizo conocer nuevos mundos, lleno de montañas rojas, helados batidos, proyecciones en pantalla gigante y gente con carnets colgando del cuello; sino que me hizo reflexionar acerca de mi posición con respecto a esos lugares, a esas personas. Fue un viaje que me dio tiempo y espacio para pensar, que se proyectó a mi interior, como les pasa a esos personajes de las road movies aburridas (esas que sólo entendés cuando te las explican). Me permito este primer acercamiento ignorando el miedo que me provoca de caer en las banalidades del novato.

Esa forma con la que vino el mundo a manifestarse, me ayudo a cuestionarme la forma en que yo mismo pretendo manifestar mi mundo (aunque parezca una de esas frases baratas de Arjona). A reflexionar profundamente acerca del porqué y (especialmente) el cómo de contar una historia. Y, desde un primer acercamiento y con la ignorancia y la ingenuidad del bisoño, creo que la perfección se encuentra (al igual que en las mujeres (1)) en la unidad entre la forma y el contenido, entre la historia y el relato.

En la preponderancia de una sobre la otra (es decir, forma sobre contenido, y vicerveza) reside la diferencia entre las películas de (y para) los cineastas; (sólo) académicamente admiradas, donde la forma se come a la historia de tal manera que es necesaria la deglutacion de una parva de conceptos, competencias, libros, ensayos, películas, para poder comprender (o soportar) lo que se quiere contar. Y las películas basadas en las historias, las del balde de pochoclos entre las piernas, en general repudiadas por los eruditos (o eructitos), películas hijas del sistema que emocionan al proletariado y rebalsan las butacas de los Hoyts General Cinema.Tomar partido por cualquiera de los dos extremos seria caprichoso.

Pero no me refiero a regular entre ambas (500gms de forma, 500 de contenido y una pizca de buena onda); sino buscar la Forma correcta de contar esa Historia, en que las dos convivan y se complementen radicalmente, hasta fusionarse, hasta no poder concebir la existencia de una sin la otra, hasta no poder diferenciarlas. Es ésa la búsqueda del artista. Y para eso hay que pensar cinematográficamente (2), como si el cine fuera nuestra lengua nativa, dejar de traducir imágenes, de proyectar historias en un encuadre: hay que usarlo para narrar y transmitir sensaciones, es la forma la que tiene que contar la historia, es el cine el que tiene que hablar por si mismo (3).

(1) Interesantísima analogía para analizar en algún otro momento. Probablemente con amigos, en un asado, después de un partido de fútbol.
(2) En las escuelas se nos enseña a filmar bien una historia, pero muy pocas veces a contar algo filmando. Es por eso que los alumnos solemos caer en las redes del cine “publicitario”, un poco difícil de describir, pero totalmente reconocible a los ojos especializados. Cualquiera puede “filmar correctamente” una escena.
(3) Películas como Irreversible, o 2001: Odisea del espacio son claros ejemplos. Esa cámara vertiginosa girando por los aires en el Rectum, y las naves espaciales bailando vals en el espacio, respectivamente, son dos maravillosas fusiones entre forma y contenido conviviendo inseparables. Esas secuencias no podrían haber sido filmadas de otra manera.