Fútbol e inspiración

Hay veces que me pasa que tengo tantas cosas para decir, que se amontonan en la garganta y se traban entre si, terminando por no salir ninguna; como los tres chiflados cuando tratan de pasar por una puerta al mismo tiempo. Y ahora me pasa algo parecido con las ideas. O quizás es lo que quiero pensar, pero en realidad es que no tengo ninguna, y las pocas que tengo no se atreven a salir y se demoran empujándose entre sí a ver cual sale primero, temiendo a que al reconocerlas las cague a trompadas.
La hoja en blanco uno de los problemas mas grandes con los que se topa el artista (en el sentido conciliador de la palabra: todos somos artistas). Es la totalidad de posibilidades a su disposición, es el momento en el cual hay que empezar a tomar decisiones, a poner restricciones.
Piensen en Dios, con la nada en frente suyo, pensando “¿y ahora que carajo hago?”. La imagen y semejanza era la más fácil de las salidas, por más Dios que se pueda ser.

La Inspiracion de San Mateo, de Caravaggio


La verdad es que necesito algo que dispare ideas, o que me despeje la mente para poder volver a empezar. O ambas. La música clásica siempre me ayuda, siempre dicta historias, sensaciones. Las sinfonías de Beethoven, sumado a un baño de inmersión, pueden ser una combinación maravillosa (las impares son las mejores). Pero no se, no alcanza, en este momento es como un mamarracho lo que siento en la cabeza, que cuanto mas le escribo encima menos entiendo. Me tengo que resetear, defragmentarme y volver a empezar, como dijo el pelotudo de Lerner, que es cursi pero tiene razón.
La solución seria un partido de fútbol. El fútbol es catarsis. El futbol es arte. Y me fuerza a despejarme, pensar en nada más que la pelota por un par de horas; para luego sentarme de vuelta y ahí si, renovado, descansado, descongestionado, dejarme llevar por el vertiginoso orgasmo creativo.
Ésa es una de las cosas maravillosas que tiene. Uno siempre tiene que tener tiempo para un fútbol.