Domingo por la noche

Las noches de los domingos son especialmente deprimentes.
Un hombre solo, un domingo a la noche, es una de las personas más despreciables que pueden existir, casi a la altura del rechazado amoroso, entre otros (no quisiera nombrar para no olvidarme de nadie).
El karma del domingo a la noche es que es el final, la conclusión, la expiración del fin de semana. Luego, el viernes se vuelve motivante, se vuelve esperanza, expectativa, es ilusión pura y genuina… ¡Vaya uno a saber qué nos deparará este fin de semana!, lleno de puertas por abrir, de mujeres por conocer, de lugares por explorar. Eso, hasta el domingo, en que el loser se da cuenta que las puertas permanecieron cerradas, al igual que las mujeres, y que los lugares son los mismos dantescos sucuchos del fin de semana anterior. Las resacas no generan otra cosa que vacío. O tira de asado.

Propondremos, entonces, tres maneras de sobrellevar el domingo que están a la disposición del bolsillo de la dama y la cartera del caballero.
La primera es el amor eterno y verdadero, que no deja lugar a vacíos ni desgracias (o un poquito, de vez en cuando). ¡Pero así cualquiera!, dirán los lectores más escépticos. ¡Es demasiado utópico! dirán otros creyéndose más cultos. ¡Esa es justamente la base de mi depresión! dirán terceros, rozando el limite del pelotudismo épico. Pero no os preocupéis, que la segunda solución es un poco más alcanzable.
Domingo Díaz de Carreras se llamaba el padre de Don Rodrigo Díaz de Carreras, un conocido personaje lesluthierano; y su nombre hace referencia a que los domingos están para otras pasiones (o vicios, es lo mismo). Por eso los clásicos se juegan los domingos, los autos corren los domingos y fútbol de primera esta los domingos; para llenar ese vacío consecuentes de un viernes aburrido y un sábado rutinario, o vicerveza. Sin embargo esto nos lleva, cantando y de la manito, a reflexionar acerca de qué es causalidad de qué. ¿Las carreras se corren los domingos para que el fracasado de turno llene este vacío, ó es el susodicho el que busca en los deportes una pasión fingida y exagerada para llenar este hueco en su miserable vida? La respuesta no debe ser una, quizás sea un poco de cada cosa, o quizás sea otra completamente diferente; dice el autor sin temor a equivocarse.
La tercera solución propuesta es un poco más compacta y aplicable, aunque más drástica y quizás demasiado sincera (rozando los límites de la crueldad innecesaria): get a life.