El cinturión de Orión

Todos sabemos que a las mujeres les gustan los hombres sabios. Por eso muchas veces la instrucción en temas no del todo llamativos es necesaria para fingir sapiensa frente al colectivo femenino. Aprenderse canciones de Arjona, los finales de algunas películas románticas o saber diferenciar razas de perro, pueden ser algunas de esas cosas que nos chupan soberanamente un huevo, pero que nos pueden salvar, oportunamente, un chamuyo en decadencia. Quisiera compartir con ustedes una en especial, que puede facilitarles la posibilidad de cosechar el beso que crece en la penumbra con esa minita que no te da ni la hora.

Noche. Exterior. Estas con la señorita en cuestión, el objetivo, mirando el cielo, y esperas algún silencio incómodo para hacer un comentario, a prima facie naif y circunstancial, pero fundamental para poder desarrollar el discurso que nos compete.
- Mira, esas son las tres marias... – Decís.
- Si claro – Responde ella.
- Que forman el cinturón de Orion...
- Ah...
Zácate! La chispa de la curiosidad fue encendida. Abrimos entonces la valiosa posibilidad de posicionarnos como el “sujeto supuesto saber” Lacaniano, evocando la figura paterna de la susodicha y de esta manera aprovechar la proverbial vulnerabilidad femenina que ello implica.
Ahí es donde comenzamos nuestro discurso, primero explicitando las otras estrellas que completan la constelación (adjunto imagen para graficar) y luego describiendo la forma y posición del cazador Orion, con el escudo en una mano y el garrote en la otra.

Esta posibilidad de articulación física, punto crucial del speech, en la cual imitaremos la posición del héroe parándonos con una mano en alza y la otra en forma napoleónica, es la que nos ofrece la posibilidad de dos cosas que no debemos dejar de aprovechar. La primera es hacernos un poco los payasos, a las minitas siempre les gusta eso(1). Y la segunda es ponernos el traje del cazador y, parados cual semidiós griego en plena batalla, seguir los siguientes pasos:
Mientras que con la mano del escudo señalamos mas detalladamente alguna estrella difusa, con la otra, que teníamos oportunamente elevada simulando el garrote, la bajamos y lo posicionamos por detrás de la muchacha, mas precisamente sobre sus hombros, con cierta incluso displicencia, como quien no quiere la cosa y... voila!, ni se dió cuenta y ya la estas abrazando, pelandrún.

Una vez establecido ese contacto podemos, o bien conformarnos con el logro y cambiar de tema, llevando la conversación por los sinuosos y resbaladizos caminos de la chanchada soez y el doble sentido; o bien seguir recitando sobre la mitología y el origen del personaje en cuestión(2). Dependiendo de las exigencias culturales de la mujerzuela a la cual estemos acechando, y de su capacidad de asombro ante pelotudeces de ésta índole, nuestros resultados serán de buenos, a mejores. O sea que siempre ganamos algo.


1. También podríamos agregar el chiste de “si es un cinturón de Orión, es un cinturion”; pero no lo recomiendo. Se necesita todo un trato previo y una preparación del objeto amado para recibir este tipo de chistes y no quedar como un boludo. Pero de los boludos boludos, no los boludos tiernos.
2. Ineludibles son el nacimiento de Orión a partir de un chorro de meo y la piel de un buey (se llama así en “honor” a los orines que lo engendraron, es genial), o que lo mandaron al cielo por violarse a la hija de un dios y que después otra se puso celosa y medio que mató sin querer. Suculento material novelesco.

3

Llegamos a las 33.333 visitas, y con el equipo de ELO queríamos festejarlo de una forma inolvidable, creativa y espectacular.


Pero no se nos ocurrió nada.

Allá donde no estás

Me atormenta la imposibilidad de encontrarte en otro lado. Será porque no estás. Pero te busco igual, es inevitable. El problema es que no puedo no lidiar conmigo mismo. Soy el problema de nosotros, no porque tenga la culpa, sino porque estoy aca conmigo, todo el tiempo.

A veces resurge esta profunda imposibilidad. Y proponerse a olvidar es contradictorio. Es como cuando te pedia que me mientas.

Suena lógico que la única solucion a una imposiblidad sea una contradicción.

El pis es psicosomático

Tengamos en cuenta el hecho de que, cuando nos estamos meando mucho, las ganas van creciendo a medida que nos acercamos al inodoro. Y sea cual sea la distancia a la cual nos encontramos del mismo, siempre vamos a llegar justo. Es como si no hubiéramos podido aguantar ni un segundo mas, como si el instante en que desabrochamos la bragueta fuera solamente ese, el ideal. Y entonces sentimos la sagrada satisfacción del deber cumplido, y esbozamos una leve sonrisa, cual Ethan Hunt desarmando una bomba en el ultimo segundo antes de la catástrofe. La vida tendrá un nuevo sentido al salir de ese baño.

Bueno, a lo que iba es que, teniendo en cuenta esto, las ganas de hacer pis deberían ser controlables, es mas psicológico que otra cosa. El tiempo que aguantamos va a ser proporcional, entonces, no a la distancia del inodoro, sino a la noción que tenemos nosotros de la distancia del inodoro, o a donde creemos que el inodoro está. Nuestro cerebro creará inconscientemente un recorrido cual GPS, supongamos desde la parada del colectivo hasta el baño de nuestra casa, e irá regulando a la perfección(1) las ganas y la fuerza con que el pis tenderá a liberarse al mundo exterior.

El pis es, entonces, señoras y señores, psicosomático(2).

(1) Estimo que de forma exponencial, debería estudiar un poco mas a fondo los casos para compartir numeros mas específicos
(2) Me contuve de hacer el chiste de piscosomático, por razones obvias. Y porque suena mas apisco que a pis. Y porque los chilenos toman pisco.

La cama

Vengo durmiendo mal. No se con qué tendra que ver, no creo mucho en las cosas inconscientes y eso, en general suelo poder explicar las cosas que me pasan (que las sepa resolver o no, es otro tema). Pero como esto tiene que ver un poco con los sueños, entonces si le veo un costado psicoanalítico pensando “bueno, alguna explicacion tiene que haber que no esté encontrando”. Los sueños no los controlamos, pero salen de adentro de uno, son nuestra creacion, y alguna razon tienen que tener. Que sea significativo o no, es otro tema (1).

Podria pensar que es el calor. Pero no se.

La cama es un lugar demasiado particular como para pensar una respuesta tan simplista.



(1) Ya usé esta forma oracional dos veces en un parrafo. Cualquiera.

La utopía

El enamorado tiene que indefectiblemente ser crédulo, inocente, naif. La racionalizacion no debe existir y esta bien que eso suceda para el disfrute del placer y el deseo. “Sos la mas linda de todas” le decis a cualquiera, a la que esta ahora acá abajo, y tenés que estar convencido de que es asi. Y ella tambien. Es cuestion de disimular.


Después, recien después, la racionalizacion debe llegar. Mas tarde. Para arrepentirse o para seguir adelante, no se, pero despues. En ESE momento, en el momento de consumacion orgasmica donde nos comple(men)tamos mutuamente, donde los dos somos uno y nos abstraemos maravillosamente del resto del universo y las cosas, donde nos entrelazamos íntimamente hasta romper los limites de cada uno y todas las cosas parecen finalmente tener un sentido que se resume en Ella... ahi, en ese momento, uno tiene que creerse la utopía.

En la calma tierna de tus brazos

"El gesto del abrazo parece cumplir, por un momento, el sueño de unión total con el ser amado. (...) Estamos en el sueño sin dormir. (...) Nada se agota, nada se quiere; todos los deseos son abolidos, porque parecen definitivamente colmados." - Roland Barthes
Y sentir esa maravillosa sensación de cuando leemos algo que ya sabíamos, pero bien escrito.

Falta en vida

Hay algo en la belleza femenina que lo es todo.

Es como el falta envido de la felicidad. No importa lo que sea que te falte para llenar ese vacio que te impide ser feliz, llegar a las 15 buenas. La cercania de su belleza (ya ni siquiera su amor) lo va a llenar.

Pensarte

Retomemos un poco nuestro axioma casi substancial, el cual reza que el sentido de la vida es la creacion, y entiende al amor como un acto creativo. Llegamos entonces a la conclusión (una más) de que el solo pensar en la persona amada NO es una pérdida de tiempo. Asi como vemos productivo el ocupar tiempo de nuestro pensamiento en resolver problemas creativos, de trabajo o hobbies, tambien entendemos que gastar tiempo pensando en lo que pasó, no pasó y podria haber pasado o podrá pasar con una señorita, pensarla a ella misma, imaginarla, acordarse de sus ojos, de su sonrisa o de las cosas que te hacen reir, no es entendido como un acto en vano.

Y así como Picasso se sentia orgulloso seguramente cuando termino el Guernica, o Kubrick despues de filmar 2001, uno, un poco mas humilde, se siente como orogulloso cuando encuentra alguien que le gusta.

Caminarte

Para pensar tengo que caminar. Por eso me cuesta tanto escribir sentado en el piso o acostado, porque la distancia que tengo que recorrer para pararme y caminar es mayor.
Paja levantarse para pensar.

Ahora bien, lo que podría hacer, que es parecido, es rodar en el piso. Tipo como si me estuviera prendiendo fuego pero sin desesperación. Igual para eso primero tengo que barrer.

Lo que no se es si lo que me incentiva el pensamiento es el caminar, o simplemente el trasladarme de un lugar a otro. Hay algo en el caminar que no lograría si rodara, o si andara en bici o en silla de ruedas (1). Tienen que ver las gambas evidentemente. O por ahí con pararse, sentirse superior, apoyar el codo en una mano y con la otra rascarse la pera y decir "puede ser"(2). Bajo ese concepto, también podría hacerlo manejando un camión groso, o cabalgando un Tiranosaurio. Cualquiera se siente superior arriba de un Tiranosaurio. Habrá que ver.

(1) Toco madera.
(2) Cuando uno esta tratando de llegar a alguna conclusión ocurrente, o tratando de sacar una epifanía del sombrero, y alguien le dice algo cierto, uno siempre tiene que decir "puede ser". Nunca "si, tenes razón". Después dejas pasar un rato y decís lo mismo que dijo el otro pero diferente. Y ahí si, marafillosa idea, marafillosa.

 
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